Relatos, historias, cuentos en pagina abierta, paginabierta, paginaabierta, Luis Galvez.

ir a paginaabierta >>

 

volver a inicio
 

  

   Relatos, historias y experiencias de nuestros usuarios.

 

Autostop (El viajante)  R1
… siendo mediodía y siguiendo mi hábito de detenerme cada doscientos kilómetros, pensé que era oportuno comer algo, en la barra, algo ligero. Aparqué en el rincón ya conocido para mí y vi de unos treinta y tantos años cada una, en muy buena forma, dos mujeres dando cortos paseos por el aparcamiento, junto a la entrada del hotel restaurante, cosa que no me llamó la atención pues la gente estira las piernas, en general, cuando se detienen en los viajes.
Salio un hombre. Se dirigieron a él. Le comentaron algunas palabras. Los tres se subieron a un coche y se marcharon.
Entré y pedí algo para comer en la barra, frente a la puerta. Habría unas treinta personas; animado pero no aglomerado para el sitio que es muy amplio. Cinco minutos después oigo a mis espaldas que me pregunta un caballero:
- “¿No ha visto salir dos mujeres?”
- Por esta puerta no. Por la del fondo, junto a la tienda y servicios no lo sé.
- “¿Ah, hay otra puerta ...? Es que he llegado y dos mujeres que estaban en la puerta me han preguntado si las llevaba, que su coche tenía avería. Les he dicho que sí. Hemos estado comiendo y al terminar se han levantado para ir al servicio y no han vuelto. Hace ya veinte minutos por lo menos.
- ¿Las comidas están pagadas? Le pregunté.
- ¿Las tres comidas? ¡no!.
- Pues páguelas y márchese si no quiere perder el tiempo, le aconsejé.
Terminé mi comida en la barra, pagué y reanudé mi camino. Mientras me dirigía a la puerta el hombre, que no había dejado de ir i venir a los servicios, se me quedaba mirando con mirada perpleja

 


Emigrante (El viajante)  R2  
… las fechas y la hora no eran propias de mucho movimiento y el vagón tenía bastantes plazas libres. El asiento de enfrente lo ocupó un hombre de unos treinta y tantos años. Saludó, se sentó y no dijo ni palabra durante media hora, solo miraba por la ventana del tren a ningún sitio. Quedaban tres horas de viaje y decidí hacer algo para que parecieran menos; le comenté que iba a tomar café y le ofrecí. Con gesto de indiferencia lo aceptó y aquel silencio sepulcral fue dando paso, poco a poco, al intercambio de frases sueltas. Pero conforme el tren se introdujo en los túneles que atraviesan el puerto de montaña, aquél hombre inició un relato que mantuvo hasta el final del trayecto:
“soy emigrante, vine hace tres años a España porque necesitaba salir de inmediato de mi país, antes de cometer una locura. De niño no pasé hambre pero mis padres eran muy exigentes y me hicieron estudiar duro … caminaba cinco kilómetros diarios para ir a la escuela …en el camino se me unía un compañero de clase que sí pasaba penurias en su casa y yo compartía mi bocadillo con él … hicimos todos los años de escuela juntos y llegamos a ser dos inmejorables amigos … siempre tenía que estar ayudándole, con mi corta economía, porque aún no trabajábamos y disponíamos de lo que los padres nos daban …
Años después inicié el trabajo por mi cuenta. Pronto tuve gran número de clientes y acabé formando una empresa. Me casé.
Como la situación económica de mi amigo de toda la vida no cambiaba, le ofrecí trabajar a mi lado. Le deposité absoluta confianza en sus quehaceres en la empresa.
Mi mujer venía a la empresa cada vez con más frecuencia. Un día fui fuera de mi horario habitual de trabajo y … allí estaban: los dos, mi querida esposa y mi mejor amigo, muy juntos, muy unidos, bueno ya sabe.
Antes que cometer una locura, tomé el primer avión que pude, destino a cualquier parte y aterricé en este país. Aquí trabajo y estoy establecido.
… sé que la empresa de mi país la han cerrado por ruinosa y no sé si habrá deudas a mi nombre …
… mi mujer me localizó y me llamó la semana pasada … dice que sigue enamorada de mi … que quiere venirse a vivir conmigo … que viene la semana próxima …
… tendré que hacer cambios en el piso que vivo … es muy pequeño …”
Llegamos al fin del viaje y el tren se detuvo. Aquel hombre dijo “chao” y enmudeció. Abandonó la estación caminando por los andenes mirando a ninguna parte.



  Terraza de verano. (El viajante)  R3

… hacia las dos de la madrugada nos dirigimos al puerto, para sentarnos en una de las terrazas a esperar a los compradores que sobre esas horas empezaban a moverse por la zona. Llego una pareja de veintitantos años y se sentó en una de las mesas. Salió el encargado, joven apuesto, bien parecido, experto en lidiar Costa del Sol e íntimo nuestro y les atendió: él cubalibre, ella refresco.
A los quince minutos la chica se dirigió al interior y pidió un güisqui en la barra, que bebió de un trago y lo pago. Nuestro amigo el encargado se dirigió al cuartito que está junto a los servicios y que usan como almacén de las bebidas. Ella fue también, pero no a los servicios, sino al mismo cuartito. Entró y cerró la puerta. En breve salió ajustándose ropa y pelo y marchó junto a su pareja a la terraza, para continuar tomándose su refresco.
Al día siguiente, nuestro amigo el encargado nos confirmó que no la conocía, que se le presentó en el cuartito y que no fue a contar el stock de bebidas. Y ante el comentario de que había pedido un refresco en la terraza nos contestó: “será para enjuagarse la boca”.



  El OVNI (Isam)  R4 
Mi amigo tenía 14 años, dos menos que yo. Por la noche caminaba campo a través hasta su casa, a unos dos kilómetros. Un día por la mañana, muerto de miedo, insistía en que había un OVNI que le había seguido por la noche y él tuvo que correr hasta su casa.
Decía: es redondo, color claro, brillante. Si voy andando va despacio, pero cuando corro acelera el también.
Se lo contó a sus padres pero no le hacían caso y él no se atrevía a volver otra vez por la noche a su casa.
Tanto insistió y tan asustado estaba que decidí acompañarle aquella noche.
Cuando estábamos a mitad de camino gritó ¡míralo, ahí está!... se mueve … redondo … brillante…
Tuve que sujetarlo con fuerza para que no echara a correr. Me costó bastante trabajo que se diera cuenta de que se trataba del reflejo de la luna en el sembrado.
El miedo ayuda a sobrevivir, pero desfigura la realidad
.



  Olivarero (El viajante)  R5  
… quedaban menos de doscientos kilómetros para Málaga y era la hora y el lugar exacto para detenerse a tomar algo, pues había aprendido que no era bueno llegar hambriento al destino. Al mismo tiempo aparcaba junto a mí otro vehículo, semideportivo, gran cilindrada y marca de muchos ceros. Se bajó un hombre de unos veintitantos años, vestía ropa de marca, elegante pero sencillo, amplia sonrisa, aire dinámico y según pude comprobar después, por el rolex y otros detalles, sin carencias económicas.
En los viajes fuera de puentes y vacaciones, el tipo habitual de personas que encuentras en carretera está muy definido y uno de esos prototipos es el agente comercial.
Me saludó con simpatía y entramos a la vez. Ambos nos quedamos en la barra. Los tres camareros le saludaron, era conocido. Pidió una ración y dijo al camarero que no me cobrara mi cerveza. Y yo se la acepté a cambio de pagarle el café de después. Comenté que no quería comer sentado, que no quería comer demasiado viajando y él explicó:
“yo tomo una ración de pie porque tengo prisa; hago este viaje cada quince días, Barcelona-Málaga. No tengo buen coche para presumir, sino porque hago muchos kilómetros, paso por Zaragoza, donde tengo un negocio a medias con un amigo, estoy una hora y paso por Madrid, donde viven mis padres y bajo a Málaga para ver a mi novia. Mis padres tienen unos de los mayores olivares de Andalucía, pero ahora quieren vivir en Madrid. Yo me dedico a negociar con bebidas en Cataluña y como me va muy bien me he comprado el piso para vivir allí. De manera que cada quince días vengo a ver a mi novia a Málaga y atravieso España.”
Lo único que se me ocurrió preguntar fue a qué se dedicaba su novia. Entonces el comentó:
“No, ella no trabaja, no hace nada, vive con su familia; pero dice que le da miedo viajar para ir a verme y su familia no la deja irse a Barcelona, si no es a mi piso, pero casada claro. A ver si esta vez consigo convencerla.”
Terminamos el café y salimos. El con su sonrisa, que no perdió nunca, se despidió: ¡Buen viaje! Yo me despedí:
¡¡Hasta dentro de quince días!!



 Cambio de parejas (Andrés Cerezo)  R6   
Como otros fines de semana, mi novia y yo fuimos al local donde bailábamos y nos encontrábamos con algunos amigos. En aquella ocasión los dos estábamos bajos de ánimo, con pocas ganas de fiesta y después de un baile estuvimos cada cual por su lado saludando y charlando algo con los diferentes conocidos. Entonces llegaron unos amigos con Verónica, una chica que no conocía. Me la presentaron y bailamos. Salimos a tomar el fresco charlando, congeniamos y no volvimos a entrar en el local.
Verónica y yo nos casamos, vinimos a Madrid y tenemos cuatro hijos maravillosos. En cuanto a mi antigua novia aquel baile fue la última vez que nos vimos, aquel día no comentamos nada, no nos despedimos, aquel cambio de pareja en el baile fue el principio de mi vida actual.



   Camino de Santiago (José Antonio). R7
Yo no estaba contento con mi trabajo y me habían ofrecido un puesto en una empresa de Londres, tenía un plazo máximo de 20 días para incorporarme. Lo acepté pero decidí hacer antes el Camino de Santiago.
En León conocí a Carmen, de Albacete. Ella también hacía el camino y había decidido a su término marchar a Barcelona con una amiga que era posible le proporcionara trabajo.
Terminamos el viaje juntos, con los pies destrozados pero muy contentos de una experiencia que creemos fue muy importante en nuestras vidas, (todo el mundo debería haber hecho el camino) y muy felices de habernos conocido. Tan felices que a la vuelta nos vinimos los dos a Madrid, donde nos casamos. Desde entonces no perdemos la oportunidad de recomendar y aconsejar a todo el mundo que haga el Camino de Santiago. Por eso, aprovechando esta oportunidad de publicar os decimos a todos: ¡si hacéis el Camino de Santiago no os arrepentiréis.!


 


 El Engaño (Galván)  R8
Jamás olvidará el primer día que la vio pasar por delante de sus ojos. El cabello tenia el color que tiene un atardecer justo antes de la puesta de sol. Sus labios eran tan carnosos como la mordida de un melocotón fresco y sus ojos, almendrados, tenían el color que tiene la noche. Para él, el tiempo se detuvo, se alargó como en esas ocasiones en las que parece que el mundo deja de girar y todo desaparece: los sonidos, las imágenes….todo.
Pasaron unos días y no pudo evitar buscarla como el cervatillo que busca a su madre. Fue entonces cuando ocurrió, habló con ella y el destino hizo que, al no tener nada que perder, una casualidad, si es que las casualidades existen, hiciera que ella le sonriera.
Desde aquel momento él se limitó a tirar de la caña que había lanzado y de la que pensaba que solo debía tirar. Veía que el pececillo se acercaba lentamente pero sin resistencia. De vez en cuando trataba de escapar, pero era de manera tímida, y sin mucho afán. Por fin llegó a la orilla y el pensó que había conseguido su trofeo. Lo tenía en el cesto. No se lo podía enseñar a nadie puesto que estaba prohibido pescar, pero a el le daba lo mismo: por fin era suyo.
El tiempo pasó, los días, los meses y lo que en principio fue su mayor logro se iba convirtiendo en su mayor pesadilla. Las cosas se complicaban y aunque el seguía viendo aquella mujer que paso por delante de él e hizo que se parara el tiempo, no era mas que un espejismo que el se había fabricado de algo que pudo ser y que nunca sería.
Con el tiempo se dio cuenta de que él no había pescado el pececillo mas preciado, sino que él era el pececillo que había caido en las redes que ella había lanzado

 


  Miedo a la oscuridad (Pilar.) R9
No se que título ponerle a mi historia, ponerlo vosotros y tampoco tengo fotos.
Desde que tenía cinco años, que yo recuerde, he pasado miedo por la noche y siempre me pasan cosas y sigo teniéndolo. Lo más antiguo que recuerdo, a los cinco años, vivía en una casa antigua, con un pasillo muy largo hasta nuestra habitación. Como yo era la más pequeña me acostaba la primera, mis hermanas mayores se acostaban más tarde.
La luz se encendía y apagaba al principio del pasillo y mi madre me reñía si la dejaba encendida, de manera que caminaba a oscuras hasta la habitación. Para tener menos miedo cantaba muy fuerte mientras corría a la cama. Daba un salto a la cama y me tapaba hasta la cabeza, me enrollaba como una pelota y así dormía todas las noches.
No sacaba la cabeza porque las sobras me daban miedo y me parecían figuras extrañas.
Con los años me han ocurrido cosas siempre por la noche y hoy sigo sintiendo miedo a la oscuridad.
¿Alguien sabe si este miedo se quita?
Saludos.

 



  Chiqui (Jazmín)  R10
Nunca se sabe lo dura que es la vida, hasta que no te encuentras tirada en la calle, cuando además no quieres está en ella.
Mi nombre es chiqui, es el que tengo de unos años para acá, soy una perrita pequeña, algunos humanos cuando me ven dicen..... uuuufffff que perrita tan fea y que "cosa" más chica de ahí mi nombre.
Tengo una historia que contar como casi todo ser viviente y aunque no he interesado a demasiadas personas, creo que mi vida ha sido bastante interesante y puede ablandar corazones.
Recuerdo que mi primer cuidador era un anciano, me sacaba a pasear por los parques andaba muy despacito por su edad que yo agradecía por mis cortas patitas caminaba a su lado y a veces detrás, me gustaba entretenerme con cualquier cosa que me encontraba a mi paso, olisquear y descubrir nuevos olores, los dos nos mirábamos de vez en cuando para asegurarnos de que
seguíamos juntos en nuestro tranquilo paseo. Puedo decir que tenía una existencia tranquila y feliz.
Un mal día que hacía mucho frío, mi anciano cuidador quedo dormido y no se despertó, me quedé sin paseos sin mi leche templada y lo peor se lo llevaron en un coche muy grande y yo que quería irme con él no me dejaron subir, me dejaron encerrada en casa y a las cuantas horas, los mismos que se lo llevaron
regresaron, me dijeron tú márchate y búscate la vida. Me quedé durante unos días en la puerta echada sobre el felpudo, esperando que mi amigo regresara, pero.... se perdería no volvió, recuerdo que yo cuando aún era más pequeña que soy ahora también me perdí, pero mi anciano cuidador me buscó en el parque y me encontró, recuerdo aquel día porque los dos nos abrazamos de alegría de encontrarnos, pero donde podría yo buscarlo....? ya me había recorrido todos los lugares que frecuentábamos.
Pasaron muchos días no sé cuantos porque no se nada de número...... sólo sé, que cada vez me encontraba más sola y abandonada. Comencé a dar cortos paseo y a encontrarme con otros colegas de la calle y a comer de lo que encontraba en el suelo, un día que hacía mucho, mucho frío me cobijé con mis amigos en unos setos en aquellos momentos estaba hambrienta y muerta de
frío apenas podía ver, algo me pasaba en los ojos, mi cuidador antes cuando vivía con él recuerdo que me los limpiaba con un algodón, aunque a mi no me gustaba, casi siempre me resistía, pero, después de esa limpieza veía mucho mejor, en estos momentos necesitaba una limpieza de ojos y seguro que no me
resistiría.
Así debajo de los setos estuve no sé cuanto tiempo, recuerdo que unas personas me traían comida y agua, me pusieron una caja y por las noches me tapaban con una manta, pero yo no era la única que pasaba hambre, así que la comida que me ponían como yo estaba tan débil se la comían mis colegas grandullones y yo cada vez más delgada y enferma.
Una mañana que estaba lloviendo mucho, estas personas que me ponían el agua y la comida y me arropaban por las noches, escuché que hablaban entre ellos de llevarme al veterinario y de cobijarme en su casa, pero decían, si ya tenemos dos perros que vamos hacer con otro, con el trabajo que dan, y escuché a una de ella decir.... (no te preocupes mamá yo la cuido y me preocupo de ella).......eso era lo que yo quería una mamá.......nunca había
tenido una mamá.
Me llevaron al veterinario me acribillaron viva a pinchazos y gotas y pastillas.... uuuufffff ......en aquellos momento prefería morirme, pero al poco rato me quedé dormida.....no sé cuanto tiempo dormiría pero cuando me desperté estaba en un
cojín tapadita, calentita y ya veía muy bien, lo primero que vi fue a dos personas mirándome y tocando mis orejas y diciendo, cuando se ponga buena y se levante lo primero que haremos será lavarla entera que está demasiado sucia y la mujer más joven dijo y le compraremos un collar, que no tiene, y la más mayor
dijo, que orejas más grande tiene para lo chica que es, esta es una ratonera de Los Palacios, si no es porque me cogió en brazo y empezó a acariciarme, salgo corriendo a mi los ratones me dan mucho miedo, pero me sentía tan bien y calentita que pensé que sólo era una broma de muy mal gusto.
Pasaron los días, ya me encontraba muy bien, me compraron unas latas especiales de comida para perritas pequeñas y delicada y cada día notaba que tenía más fuerzas, pero yo seguía acostada en mi cojín con mi manta, me levantaba para comer y salir al patio para el pipí y esas cosas y rápidamente me acostaba de nuevo, yo seguía estando delicada no me hacia mucha ilusión eso de lavarme el cuerpo y menos mis orejas.
Han pasado varios años desde entonces y me he encontrado con dos cuidadoras y dos hermanos, mi hermano se llama yako y mi hermana se llama Lola los dos me han acogido con mucho cariño y como soy la mayor de edad de los tres me respetan y me cuidan, cuando salimos a dar un paseo los tres juntos, nunca me dejan sola para que no me pierda, como si yo pensara perderme, por nada del mundo me quedaría sin mi nueva familia he vuelto a ser la perrita más feliz del barrio.

 

 
volver a inicio